La verdad es que se nota y mucho la incorporación al trabajo. Esta semana no he terminado los dos libros que andaba leyendo aunque los acabaré a mitad de semana porque los llevo muy avanzados. Por eso, repasando la estantería me he encontrado con El tiempo que nos une de Alejandro Palomas que creo, salvo cambios de última hora, que es el que más me apetece emprender. Me encanta el autor y he leído excelentes críticas de este libro así que lo empezaré con las expectativas altas. Espero que no me defrauden.
Daphne du Maurier explicaba en una nota preliminar a La posada Jamaica (1936) que la posada a la que alude el título aún seguía en pie y que la novela era el producto de sus fantasías sobre cómo habría sido ciento veinte años antes.
Un carruaje que atraviesa los páramos de Cornualles es zarandeado por la tormenta y en él una joven huérfana, Mary Yellan, se dirige al encuentro del único familiar que le queda, su tía Patience, que junto con su marido regenta una lóbrega posada de mala fama... a la cual el cochero apenas se atreve a acercarse.
Las tormentas, los páramos desolados, los bandidos y dos mujeres atrapadas en un universo sin ley, saturado de violencia, componen la atmósfera de esta excelente novela, un auténtico clásico moderno que mezcla la fascinación por la oscuridad con una crítica vehemente de la brutalidad doméstica. Fue llevada al cine por Alfred Hitchcock en 1939.
IMPRESIÓN PERSONAL.
La verdad es que este libro no era mi objetivo en un primer momento. Mi idea inicial era volver a releer Rebeca y volver a Manderley y a ese paisaje opresivo y nebuloso que tanto me gusta. Pero buscando el libro en mi estantería me topé con éste que aún estaba sin leer y olvidado tras un reciente regalo navideño. Y leer a Daphne du Marier ya por si sólo es garantía de buena lectura aunque el título me tenía por completo despistada.
Y no. La autora no nos lleva a Jamaica, sino que volvemos con ella a su tierra, a ese Cornualles, a esos páramos llenos de nieblas y pantanos insospechados donde es sencillo perderse y... morir, pero también esconderse si los conoces bien y esconder delitos y crímenes en un lugar donde pocos se adentran porque parecen parajes vivos que te absorben el alma y la vida. Son paisajes que de forma continua me traían a la memoria aquellos otros de Cumbres Borrascosas, con grandes extensiones de terrenos ocultos por la niebla, árboles solitarios que dan más miedo que cobijo y personajes extraños que ocultan cosas y pocas de ellas, buenas.
A estos parajes, llega un día Mary Yellan, una mujer excesivamente joven que acaba de perder a su madre y su casa y que no tiene otro remedio que ir a vivir con su tía Patience, de la que guarda un gran recuerdo por su jovialidad, su independencia y sus ganas de vivir. Pero su tía se ha casado con Josh Merlyn, que regenta La posada de Jamaica, un lugar antes de mucho trasiego de viajeros y en el que ahora no para ya nadie, y se encuentra con una tía que más que la mujer que ella recordaba, es una sombra de sí misma: sumisa y llena de un miedo continuo que la hace servil hasta la exasperación. Durante el camino de ida ya puede ir viendo por la expresión de las personas a las que les va contando donde va a vivir, que el lugar no iba a ser lo que ella esperaba. Pero la realidad supera con creces incluso a la idea que se ha ido haciendo por el camino.
La verdad es que durante toda la novela se puede percibir y sentir ese "miedo" que siente la protagonista, un miedo justificado por lo que va descubriendo que ocurre cada cierto tiempo en la posada, el carácter terrible de su tío y el trato que le da a su tía y ese aislamiento terrible que Mary percibe como el mayor problema que tiene si las cosas se tuercen aún más. Aún así, la fortaleza de sus convicciones, la educación recibida por parte de su madre y un deseo irrefrenable por salvar de esa vida a su tía hace que tome decisiones que nos mantendrán en vilo, sobre todo, porque deambula excesivamente por esos páramos en soledad, se confía a algunos desconocidos y no eres capaz de desentrañar quien está detrás de todo lo que ocurre en la posada, más allá del bravucón y temible tío Josh.
La posada de Jamaica fue escrita por la autora en 1936, pero como en otros libros de esta escritora, esto no es un inconveniente para disfrutarlo y vivirlo que es lo que suelo hacer con las historias de esta autora. Deambular por estos páramos, pasar ese miedo a perderte sin posibilidades de encontrar el camino de vuelta o con la sensación de que va/vas a encontrarte con alguien nada recomendable, una sombra peligrosa de la que no te habías percatado y que de repente asoma cuando levantas la vista. En fin, una tensión que Alfred Hitchcock supo muy bien reflejar cuando acometió la película de este libro, que, sin duda, os recomiendo.
Gideon Zadock es un novelista de éxito y guionista de Hollywood cuya relación de pareja hace aguas. El protagonista decide hacer un viaje a Israel con su familia con una doble intención: salvar su matrimonio y conseguir material para su próxima novela.
Nada sale como él esperaba: se enamora hasta los huesos de una superviviente del Holocausto y estalla la guerra del Sinaí.
En el momento en el que surge el conflicto bélico su familia es evacuada pero Gideon, atrapado en una crisis personal y moral, se alista como paracaidista para aislar el estratégico paso de Mitla.
IMPRESIÓN PERSONAL.
No había leído nada de este autor hasta ahora y no ha sido por falta de ganas. Esa especie de olvido que se instala en tu mente cuando la oferta de libros supera con creces a tu tiempo libre para acometer tantas lecturas ha sido la causa principal para que no me pusiera antes con él. Conozco algunos de sus libros por el cine o la televisión y lo cierto es que tanto Éxodo como la serie de QB VII me encantaron, seguramente porque el mal llamado asunto judío, aún por resolver, me resulta de gran interés.
Paso de Mitla
León Uris es un escritor estadounidense de origen judío cuyo interés siempre se ha centrado en la formación del nuevo estado judío de Israel desde que terminó la II Guerra Mundial. Como corresponsal de guerra ha vivido de primera mano, no sólo muchas de las barbaridades perpetradas por los nazis contra los judíos, sino que ha estado presente en múltiples ocasiones en los hechos que se van desarrollando para la conformación del nuevo estado de Israel. El paso de Mitla es casi una novela autobiográfica del autor y hace referencia a los hechos que acontecieron en 1956, en la campaña del Sinaí tras la decisión del gobierno egipcio de nacionalizar de canal de Suez, dándole un poder desmedido sobre el mismo. Ante este hecho que amenazaba a las potencias occidentales por lo estratégico del Canal, se apoya una incursión de paracaidistas a través del paso de Mitla, que posteriormente deberían ser apoyados por las potencias occidentales de Francia y Gran Bretaña y los propios comandos israelitas de tierra.
Aunque pueda parecer un libro de corte bélico, no es así. Aunque una parte refleja la acción en la que participa como invitado el novelista Gideon Zadock junto al grupo de paracaidistas, realmente lo que conoceremos será la vida de éste como heredero de una larga saga familiar de judios. Unos que han desarrollado sus vidas en Estados Unidos tras una tumultuosa huída de Europa; otros que murieron a manos de la Alemania nazi; otros que comenzaron una nueva vida en el nuevo estado de Israel. Consecuencia de todos estos destinos, nos encontramos con un protagonista que necesita conocer de primera mano los hechos, los protagonistas y las vidas de todos aquellos que han forjado la suya propia. Entre medias, dos mujeres: la suya propia, que ha sido su apoyo y sostén cuando anhelaba ser escritor en contra de todas las opiniones familaires y también profesionales del sector editorial y, una superviviente del holocausto nazi que conoce en Tel Aviv, asistente del actual presidente israelita.
Cada uno de los personajes, los del momento actual en 1956 en que se desarrolla la acción en el paso de Mitla, como los de todos los del pasado familiar de Gideon son apasionantes, sobre todo, las mujeres de la familia, su abuela y su madre en especial. Personajes con una gran fuerza y una gran pasión por la vida que han ido superando situaciones muy duras hasta llegar a Gideon, que casi es un privilegiado al lado de sus antepasados, con las dudas típicas de quien no tiene que luchar ya por mantenerse con vida.
Una novela llena de acción, sin duda pero también llena de experiencias vivenciales de todos aquellos que sobrevivieron en diferentes lugares al horror nazi y forjaron sus propios destinos, bien en el nuevo Israel, bien en otros países de acogida como Estados Unidos. Todo ello condimentado con el papel tan fundamental que los israelitas tuvieron en la Guerra de Suez de 1956 con la toma del Paso de Mitla en el desierto del Sinaí.
Buenos días de nuevo!!! Me gustaría decir que mis neuronas están a pleno rendimiento después de este periodo estival, pero deber ser cosa de la edad, porque, aunque he descansado mucho, estoy de un perezoso alucinante para la época.
Pero bueno, hoy toca de nuevo incorporarse al trabajo y a la actividad rutinaria de este espacio que ya ha estado suficiente tiempo abandonado, aunque haya hecho ya algunas reseñas de este verano. He leído bastante estos meses para lo que suelo leer mensualmente, así que mi lista de reseñas pendientes es todavía larga, pero poco a poco irán saliendo.
Esta semana continuo leyendo La palabra más hermosa de Margaret Mazzantini, un libro que me habían recomendado mucho y que me está gustando muchísimo. Cuando lo acabe seguramente me pondré con Basada en hechos reales de Delphine de Vigan, uno de esos pendientes que se me ha quedado en la estantería.
A finales de los años veinte del siglo pasado, Estrella y su hermana gemela, Alma, llevan una vida privilegiada como hijas de los marqueses de Zuloaga, propietarios de una casa solariega y una mina de hierro en un pequeño pueblo suspendido sobre el Cantábrico. Crecen rodeadas de fiestas y lujos, pero también marcadas por un poderoso misterio.
Porque Estrella y Alma no son como las otras niñas: herederas de un extraño don que pasa de generación en generación entre las mujeres de su familia, viven a la sombra de una maldición según la cual una de las dos morirá antes de cumplir los quince años.
Así arranca esta historia llena de magia y pasión, que nos lleva por medio mundo tras los pasos de su protagonista, una mujer inolvidable que no dudará en hacer todo lo necesario, sin miedo al peligro ni a las convenciones sociales, por defender su tierra y el legado que lleva escrito en la sangre.
IMPRESIÓN PERSONAL.
En contra de lo que le ocurre a muchas personas, yo cuando leo la palabra "magia" salgo corriendo a por la lectura que sea porque si hay algo que me gusta es la magia y además, en este caso, acompañada del secreto de un profundo bosque, un acantilado nebuloso y profundo y una gran casa solariega llena de misterios donde vive una familia cuya abuela paterna tiene unos "poderes" que transmitirá a sus dos nietas siendo niñas, Alma y Estrella.
La verdad es que no pensaba que me iba a encontrar con el novelón que me he encontrado cuando inicié esta lectura pero es de esas lecturas que nada más comenzar a leer ya te atrapa sin remedio y no puedes parar de leer. Aunque no soy muy amiga de catalogar las novelas diría que estamos ante una gran saga familiar con grandes dosis de novela histórica acompañada de un bien armado realismo mágico, del que me considero fan absoluta porque sin desplazar el protagonismo que tiene la historia en sí, lo acompaña y da sentido a esa parte de ficción que encaja y completa a la perfección todas las piezas del puzle.
La historia comienza en Villa Soledad, nombre en honor de la abuela paterna, una princesa mexicana a la que veremos saltar al acantilado a través de los ojos de sus nietas nada más comenzar la novela y sobre las que recae una especie de maldición por la que se vaticina que una de las dos morirá al cumplir los quince años. Alma y Estrella son aún muy niñas cuando eso ocurre y viven en la gran mansión con sus padres, los marqueses de Zuloaga y Carmen, su criada y niñera, y su pequeña hija Catalina. Junto a ellas, en el pueblo de Basondo, un lugar ficticio en el País Vasco, nos encontramos con una población al uso de los años 20, supeditada al poder y al trabajo que otorga el marqués en sus minas de hierro, que es lo que da de comer a las familias, familias como la de Tomás, el niño pobre que comparte juegos con las dos gemelas.
No sabría decir si he disfrutado más con la ambientación de la novela, con toda la parte histórica y social de la época que refleja (desde los felices años 20 a la posguerra española) o con los personajes, unos personajes potentísimos, llenos de personalidad, de pasiones que se llevan al límite en todos ellos y que, por ello, van marcando los acontecimientos que se van narrando, incluso, a pesar de los hechos externos e históricos que van ocurriendo en su entorno. Lo cierto, es que la autora, para ser su primera novela, me ha envuelto con sus hilos desde la primera página y no he podido dejarlos hasta llegar al desenlace y abandonarlos con esa especie de nostalgia que luego te gusta recordar. Con ellos, no sólo comenzaremos en la costa vasca, con ese mar bravío que parece que te habla en diferentes tonos dependiendo del estado de ánimo, sino que penetraremos en ese bosque oscuro donde los árboles se cierran a tu paso, las plantas te atrapan y los límites son completamente difusos, siempre acompañados de un gran lobo negro que sigue a las gemelas allá donde van, vigilante y amenazador. Pero también, viajaremos al desierto californiano, a respirar el carácter opresivo del polvo rojo, de la sed en las gargantas secas del ganado y de ese sol que intenta arrancarnos el pellejo a tiras para expulsarnos cuanto antes de un terreno usurpado a sus legítimos dueños, los aborígenes. Y a Madrid, donde la naturaleza deja de protegernos y con mucho esfuerzo, los personajes intentan sobrevivir a lo urbano, al misterio de unas calles que ocultan miseria y miedo para abrirse a la opulencia y al despilfarro de las clases vencedoras.
Personajes potentes, con un marcado carácter, cada uno con sus objetivos personales muy asentados y que intentan todos ellos conseguir a lo largo de sus vidas con mejor o peor acierto, pero convencidos todos ellos del camino que han de seguir para conseguir sus fines. Destaca Estrella entre todos ellos, desde luego, pero el resto cada uno en su espacio no plantean cuestiones diferentes aunque su modo de pensar y de actuar difiera de la contundencia de ella, porque ella realmente los diluye al resto por su fuerza y por ese poso de la infancia que la hace parecer más decidida y más egoísta. Me he quedado con las ganas de conocer más de la historia de la abuela Soledad pero supongo que debe ser motivo de otra novela a poco que se parezca a la historia de sus nietas.
He disfrutado a más no poder de esta novela. Me ha cautivado la forma en que está escrita, el devenir histórico por el que transita, los escenarios y esos personajes que lo llenan todo allá donde están y ese toque de magia que hace que las cosas encajen o se trastoquen para cumplir profecías o maldiciones que encajan perfectamente en el lugar en el que suceden.
Premio Pulitzer 2009. Olive Kitteridge es una maestra retirada que vive en un pequeño lugar de Maine, en Nueva Inglaterra. A veces dura, otras paciente, a veces lúcida, otras abnegadamente ciega, Olive lamenta las transformaciones que han agitado el pequeño pueblo de Crosby y la deriva catastrófica que va tomando el mundo entero, pero no siempre se da cuenta de los cambios menos perceptibles que afectan a las personas más cercanas: la desesperación de un ex alumno que ha perdido las ganas de vivir; la soledad de su hijo, que se siente tiranizado por los irracionales caprichos maternos; y la presencia de su marido, Henry, que vive su fidelidad conyugal como una maldita bendición.
Mientras la gente del lugar va afrontando sus problemas, sean leves o graves, Olive va tomando conciencia de sí misma y de las personas que la rodean, muchas veces dolorosamente, pero siempre con una honestidad entrañable.
IMPRESIÓN PERSONAL.
Este es el tercer libro que leo de Elizabeth Strout. El año pasado leí y reseñé Todo es posible, una novela escrita al estilo limpio de la autora que nos coloca ante un gran número de personajes que habitualmente pasan desapercibidos aunque convivan cerca de nosotros. Y el anterior, Me llamo Lucy Barton, una historia madre-hija que me conmovió y que me convirtió en fan incondicional de esta autora y de esta manera de escribir sobre los sentimientos de la gente corriente.
Por este motivo, no tuve ninguna duda a la hora de adentrarme en esta novela de la autora. La misma viene avalada además por el éxito de la miniserie que del libro se hizo y por haber ganado el Premio Pulitzer 2009, y eso que yo no soy mucho de secundar lecturas en función de si han ganado un premio o no. Pero Elizabeth Strout ya me tiene ganada, repito, por su manera de escribir tan limpia y sencilla, tan cercana al día a día de la gente corriente, esa gente a la que parece desde fuera que no le ocurren cosas relevantes ni salen en los medios, pero que viven con intensidad sus vidas y aprecian todavía lo que les ocurre a sus vecinos y conocidos.
Olive Kitterige es una maestra jubilada con un carácter irrascible, una cascarrabias en toda regla, que convive con su marido, Henry, un sol de hombre, cariñoso y paciente. Parecen ser el ejemplo claro de que los polos opuestos se atraen porque nadie se explica como dos personas tan contrapuestas pueden llevar conviviendo tantos años, ni siquiera su hijo aguanta el carácter de su madre. Sin embrago, y en contra de lo que pudiera pensarse ambos continúan enamorados el uno del otro y se comprenden sólo con mirarse.
Con este personaje principal, la autora construye una historia compuesta de más de diez relatos/historias de los vecinos de esta singular maestra en una estructura curiosa ya que aunque son historias, de algún modo, independientes,Olive Kitterige siempre aparece en ellas, aunque sea de pasada sirviendo al narrador de nexo de unión, de hilo conductor de toda la historia de la novela. Como siempre, la autora se recrea en las vidas de los vecinos de una localidad de Maine, de donde ella es originaria, llamándonos la atención sobre sus vidas, sus anhelos, sus sueños por cumplir y el paso de la vida por cada uno de ellos, incluida la propia Olive.
No soy una lectora aficionada a los relatos pero lo cierto es que como en novelas anteriores de la autora me ha cautivado su forma de narrar, esa manera sencilla y a la vez cautivadora de nombrar las cosas y los sentimientos y en los que cada palabra escrita, lo es porque es importante para definir al personaje o el contexto en el que se mueven. Una manera de contar situaciones y problemas tan cercanos que por si solos definen y marcan la vida entera de quienes los viven y padecen.
En definitiva, he degustado sorbo a sorbo esta novela, esta ristra de problemas y vivencias cotidianas que la autora me ha descubierto con su forma de narrarlos y unos personajes totalmente entregados a vivir plenamente sus vidas, con todo lo que eso conlleva de sufrimiento y felicidad.
La carrera de la teniente Beatriz Manubens es una de las más prometedoras de la UCO, sin embargo, la muerte accidental de un menor durante un tiroteo hace que se sienta incapaz de volver a empuñar un arma. Completamente abatida regresa a Albacete, su tierra natal, para esconderse del mundo.
Juan Cebreros, brigada de la Guardia Civil en Riópar encuentra el cadáver de una mujer que presenta grandes signos de violencia en el nacimiento del río Mundo. Anabel Ramos, la víctima, se perfila como una completa desconocida para los lugareños. De ella solo se sabe que vivía en una casa rural con Adrián, su hijo, un niño de seis años al que parece haberse tragado la tierra.
La desaparición de Adrián se convierte de inmediato en noticia y es portada de todos los medios de comunicación y todo el mundo coopera para encontrarlo lo antes posible. Consternada, la teniente Manubens descubre que la mujer asesinada fue una de sus mejores amigas de la adolescencia. En una carrera contrarreloj intentará hacer lo posible por encontrar al pequeño con vida, mientras lucha contra sus propios demonios.
Toni Aparicio construye un thriller trepidante, donde el horror no está reñido con la esperanza. La mala semilla es una novela vibrante que golpea y sacude, una muestra de la barbarie humana y a la vez de su capacidad de resiliencia capaz de recuperar la esencia de las buenas personas.
IMPRESIÓN PERSONAL.
Tengo que reconocer que trasladarse mentalmente al Río Mundo y sus maravillosas cascadas en plena "ola de calor" y desde este horno natural que es Extremadura en el verano, ha sido todo un suplicio pero también un anhelo, un sueño de esos que me empujan en más de una ocasión a visitar parajes que desconocía totalmente. Como a mucha gente, a mi de Albacete sólo me suena eso de que allí se hacen navajas de gran calidad. Por lo demás, nunca pensé en esta provincia como destino turístico y por lo que veo tiene parajes poco explotados como suele pasar en muchos lugares de nuestra geografía. Dicho y anotado queda este maravilloso lugar en el que Toni Aparicio coloca el escenario del crimen y su posterior investigación, algo que a mi personalmente me ha encantado. Soy muy amiga de la descentralización en todos los sentidos y, en este caso, el ámbito rural resulta idóneo para ocultar un crimen que al final no deja de ser fruto de la naturaleza humana más que de la naturaleza del lugar.
En un paraje sin igual, Anabel ha sido asesinada y su hijo, pequeño aún, ha desaparecido en ese entorno que para un niño tan pequeño y con ese frío, puede significar la muerte si no se le encuentra con rapidez. Precisamente por esa alarma social de la que hacemos gala los españoles, se pone rápidamente en marcha un dispositivo de búsqueda del niño y del asesino en manos de la Guardia Civil del lugar con Cebreros a la cabeza y posteriormente, de la UCO, que toma el mando de la investigación. Junto a ellos, conoceremos a Beatriz Manubens, teniente de la UCO, que se encuentra en casa de sus padres en Albacete de baja laboral, ante un suceso previo que la atormenta y del que aún está en tratamiento psicológico, o, al menos, eso intenta. Beatriz se ve implicada personalmente en el caso porque conocía a la víctima, a su madre y compartían amigos en común desde la infancia prácticamente, cosa que la hace implicarse en la investigación de forma directa pero al margen de sus mandos.
El tandem Beatriz y Cebreros me ha encantado y creo que es una pareja que da mucho juego porque ambos se compenetran perfectamente y comparten inteligencia, intuición, sentido de la lealtad y compromiso mutuo por conocer la verdad que se esconde ante los hechos que parecen más lógicos. Cebreros comprende perfectamente la situación por la que está pasando la teniente, por la que siente un gran respeto profesional y Beatriz se da cuenta enseguida de que tiene ante sí a un Guardia Civil con una gran capacidad para la investigación y la intuición suficiente para llegar hasta el final del asunto junto a ella, al margen de la bravuconería que los rodea a los dos por parte de los mandos de la investigación oficial. Una pareja curiosa y bien compenetrada que explota al máximo ese fino hilo que los une.
Junto a ellos, una serie de secundarios muy potentes que van apareciendo en la trama, a veces con el mismo sentido de la investigación y otras como "miguitas de pan" que el autor nos va dejando para llevarnos a la conclusión del caso. He sospechado de algunos de ellos durante la lectura pero lo que no me esperé nunca fue el final que me dejó muda durante un buen rato, recapitulando lo leído. Así que sí, el autor me ha sorprendido con un final que a mi personalmente me ha parecido bien montado y lo suficientemente hilado como para que encaje perfectamente en la ristra de datos que nos ha ido desgranando poco a poco a lo largo de la novela.
En definitiva, estamos ante una novela policíaca con un buen ritmo, una buena trama y un final sorprendente y bien armado, por no decir que se desarrolla en un paraje emblemático de Albacete que "te quita el hipo de golpe". Unos personajes con mucha solvencia y tan bien perfilados que consiguen que, a pesar de las pistas que te muestran, no veas lo que sólo ven los profesionales con su investigación. Una novela muy recomendable y entretenida que no te deja un respiro hasta llegar al desenlace.